El juego fortalece los lazos de unión entre las personas que
participan, es un integrador familiar porque fomenta la comunicación,
fortalece el afecto y genera un sentimiento de complicidad mutuo; todas
estas ventajas pueden ser llevadas para fortalecer los lazos familiares.
Cuando un niño tiene la oportunidad de poder jugar no sólo con sus
hermanos sino con sus padres e inclusive abuelos, tíos y primos se
genera un entorno muy rico.
Ahora que las familias se ven disminuidas y desunidas por la
distancia, falta de tiempo o por descuido, centrándose en padres e
hijos; aprovechar momentos de visitas o reuniones familiares y
divertirse jugando puede ser una forma de inculcar ese sentimiento de
pertenencia familiar que se está perdiendo; y quien sabe, hacer de las
visitas más frecuentes.
Lo mejor de todo es que para jugar lo principal son las personas y
los juguetes toman un segundo plano; con tan sólo una pelota se puede
hacer un gran partido, con unos legos y muñecos, carritos, etc.,
construir una ciudad; hacer manualidades con los retazos de lana de la
abuela, cocinar juntos; y para los más pequeños ejercicios de
estimulación temprana; aparte de traer consigo los beneficios innatos
del juego serán beneficiosos para la unión familiar.
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